A lo largo del tiempo han existido diferentes
definiciones de la inteligencia, sin haber todavía un claro consenso de lo que
es. Entre las posibles definiciones que podemos encontrar en la literatura
están las siguientes:
"Capacidad para pensar de manera
abstracta". Lewis Terman (1929).
"Capacidad para adaptarse al
ambiente". Jean Piaget (1952).
"Actuar con un propósito
concreto, pensar racionalmente y relacionarse eficazmente con el ambiente". David Wechsler (1944).
A pesar de que no existe un consenso
sobre lo que es inteligencia, me parece que un ingrediente que no puede faltar
en una definición general, es el relacionado con la capacidad de comprender el
propio entorno.
¿Quiénes hacen cosas inteligentes?
Las hormigas hacen cosas inteligentes.
Los castores también, y las abejas, los perros, los gatos, los caballos, los
osos, las bacterias, los virus, las células, ...el ADN...
Ahora, pasaré a dar un concepto que
anda en boca de muchos, pero que si con el sólo término inteligencia no existe un consenso menos con el concepto
Inteligencia Artificial. Ya vimos que no existe un solo concepto de inteligencia.
Tómese cualquiera de los mencionados en este ensayo, y agréguese el concepto de
artificial. Fácil, ¿no? Con eso
tendremos una idea muy acertada del concepto completo: Inteligencia Artificial (que en adelante llamaremos: IA). Claro, no
hace falta mucho análisis para entender lo que es artificial. Simplemente
diremos que es aquello que ha sido creado por el hombre y que no aparece de por
sí en la naturaleza. Va desde las herramientas, utensilios, armas, pasando por
las obras de arte, la literatura, música, poesía, etc. hasta llegar a las
máquinas que aprenden a tomar decisiones por ellas mismas.
Así que podríamos decir que la IA es la
propiedad de objetos creados por el hombre que se expresa en la "capacidad
para pensar de manera abstracta", o bien en la “capacidad para adaptarse
al ambiente", o si se quiere: que pueden “actuar con un propósito
concreto, pensar racionalmente y relacionarse eficazmente con el ambiente”. Bueno,
sí, pero ¿existe entonces actualmente la IA? Sí, como concepto, como una idea
abstracta que tienen los científicos, con la ilusión de que las máquinas algún
día llegarán a pensar. En este sentido lA la podemos considerar como el sueño
guajiro de científicos como Marvin Minsky, pero que, siendo sincero, este sueño
ha empujado a los investigadores al desarrollo de la tecnología actual. Pero, como
sabemos no existe objeto, ente o máquina que cumpla con esas capacidades. Sólo
los hemos visto en el mundo virtual, en la películas o libros de ciencia
ficción, como Yo, Robot o Blade Runner, por citar
unos ejemplos.
Así que ahora seré pragmático y
consideraré un concepto muy apegado a nuestra realidad física actual: la de las
computadoras y robots actuales, reduciendo el concepto inteligencia a algo
mucho más simple pero útil para evitar confusiones. Simplemente diré que: La inteligencia es la capacidad para
resolver problemas. Así nomás. Y el concepto de “problemas” lo considero en
términos de la teoría de la computación: problemas decidibles y no decidibles.
Mucho se ha desarrollado para que las
máquinas (entes construidos por el hombre para resolver sus problemas) a través
de la computación, la electrónica y el control, hagan tareas que permitan hacer
más fácil la vida de las personas, tal es así que se habla de edificios inteligentes,
optimización inteligente, cómputo inteligente, incluso, hoy por hoy en una gran
cantidad de universidades se imparten cursos de IA.
Bajo estas premisas quiero proponer los siguientes niveles de
la IA:
Nivel 0: Corresponde a las herramientas o máquinas que no tienen ningún software integrado, pero que ayudan a resolver problemas bien planteados por el ser humano.
Nivel 0: Corresponde a las herramientas o máquinas que no tienen ningún software integrado, pero que ayudan a resolver problemas bien planteados por el ser humano.
Nivel 1: Máquinas que ejecutan
algoritmos para hacer cálculos numéricos.
Nivel 2. Máquinas que ejecutan
algoritmos para optimizar las soluciones a problemas decidibles y tratables,
encontrados por el hombre.
Nivel 3. Máquinas que tienen
funciones de aprendizaje, que les permiten tomar decisiones dependiendo del
contexto.
Nivel 4. Máquinas que cumplen
con las propiedades de los tres últimos niveles pero que, además, realizan actividades,
emulando comportamientos humanos (tales como dar servicios), o bien, resolver
problemas en lugares donde el ser humano no pueda estar presente (tales como
fábricas donde se trabaja con gases muy contaminantes, o, incluso, en
planetas diferentes al nuestro).
Los robots y nosotros
Marvin Minsky ha insistido mucho que
somos unas máquinas, que nuestros cerebros son computadoras sofisticadas. Estimado
lector, le pido que haga los siguientes ejercicios sin usar ningún dispositivo
electrónico:
1. Diga rápido
el abecedario de la A a la Z. FÁCIL.
2. Ahora dígalo
rápido y al revés, sin memorizar previamente. DIFÍCIL.
3. Multiplique
5 x 3. FÁCIL.
4. Calcule la
integral de equis cuadrada por la exponencial del seno de equis entre x, en un
intervalo de -2 a +2. ¡DIFÍCIL!
5. Recuerde
la última persona que acaba de ver. FÁCIL.
6. Recuerde
lo que usted hizo a las 15:30 pm de un día como hoy hace dos años. ¡DIFÍCIL!
No sé si con estos ejemplos usted
empiece sospechar que hay una diferencia fundamental entre nosotros y lo que es
propiamente una máquina. Los ejemplos pares a nosotros nos cuestan trabajo, a
una computadora no.
La verdad es que hace tiempo que las máquinas
nos aventajan en habilidades, haciendo cosas que nosotros no podemos o no queremos
hacer, o las queremos hacer mejor y en el tiempo más corto posible. Por eso
hemos inventado el concepto de eficiencia.
Los ejemplos anteriores indican que
existen máquinas que calculan cosas que nuestra mente simplemente no puede o
que tardaría muchísimo en resolver. Esto es un problema que, gente como al gran
matemático Leibniz, le ha llevado a la necesidad de inventar una de las
primeras calculadoras para, precisamente, realizar cálculos numéricos, y que
para ello cada vez se requiere mayor cantidad de datos. Máquinas que le
ayudaran a calcular, a razonar, a manipular en la memoria, información que, por
sí sólo, al ser humano se le haría más que imposible poderla organizar y
controlar para beneficio suyo. Pero las computadoras le ayudan.
En su libro: La mente nueva del
Emperador, Roger Penrose menciona el punto de vista de la IA fuerte, el cual dice que cualquier cosa
que tenga implementado un algoritmo, tiene IA.
Ahora, estimado lector, procederé a
dar una extensión poderosa de la IA fuerte, haciéndola más fuerte, ¡súper-fuerte!
Si tomamos más enserio el punto de
vista de la IA fuerte que menciona Roger Penrose, resulta que la IA no nació
con Aristóteles, a quien se le considera el padre de la lógica, pues fue él
quien primero quiso automatizar el razonamiento humano con sus silogismos, sino
que (agárrese, no se vaya de espaldas) ¡nació en la Edad de Piedra, con el
primer ser humano que inventó el cuchillo! ¡hace más de dos millones de años!
Fue la primera herramienta que le ayudó
a cortar, de una manera más eficiente, la carne de los animales que cazaba.
Enseguida inventó la lanza, con la cual empezó a cazar a los animales de manera,
también, más eficiente. Claro, el cuchillo y la lanza no tenían implementado un
algoritmo para cazar, sino que ellos la hacían de hardware, mientras que otra parte, junto con el software, se quedaba en tierra firme,
mientras la lanza hacía su trabajo. Actualmente los países bélicos y
desarrollados ya les han puesto el software a sus ojivas nucleares, para que
estas no se equivoquen en el objetivo, ¡las han hecho más inteligentes que las lanzas de nuestros primeros ancestros!
Las máquinas nos han acompañado desde
que somos homo sapiens, son una extensión de nosotros. Sin ellas no podríamos
hacer lo que hacemos, pues biológicamente no podemos correr a más de 38km/hr,
sin embargo, con un coche lo podemos hacer a más de 100. No podemos volar, pero
con la ayuda de un avión sí. No podemos ver como las águilas, pero con unos
binoculares, sí. No podemos manipular conscientemente grandes cantidades de ecuaciones
y datos, las computadoras sí. No podemos hacer experimentos en la superficie de
marte, los robots sí. En fin, los patines, las bicicletas, los televisores, los
termostatos, los telescopios, radiotelescopios, interferómetros, microscopios,
microscopios electrónicos y de efecto túnel, naves espaciales, láseres, … hasta llegar a las computadoras y los robots
son, todas, máquinas, y todas tienen un grado de inteligencia artificial. Todas
tienen un instructivo, un algoritmo, una serie de pasos que empieza y
forzosamente termina en un tiempo finito, para poderlas construir.
Yo sostengo que no somos máquinas, nuestro
cerebro no lo es, y desde el punto de vista de la teoría de la computación, no somos
equivalentes. Las computadoras y los robots están basados en una genética de un
solo bit. Mientras que nosotros, y todos los organismos, de dos.